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Riding the historic Pyrenees with Rapha Travel

Las primeras montañas

Recorre los históricos Pirineos con Rapha Travel

01 March 2017

Los cien años de amor del ciclismo por las montañas comenzaron en los Pirineos, y la cordillera que separa Francia de España sigue haciendo disfrutar a los aficionados y sufrir a los corredores. Rapha Travel organiza varios viajes allí cada año, desde excursiones de fin de semana para llevarse al zurrón los puertos más famosos con estilo, hasta excitantes viajes de una semana de un punto a otro. Lee nuestro relato sobre el ciclismo en los Pirineos a continuación y descubre algunas salidas inolvidables aún disponibles para reservar esta temporada.

Uniendo pueblos de montaña en la aproximación al Tourmalet.

El Tourmalet es, sin duda, el Rey de los Pirineos y la visita del Tour de France de 2016 fue la 79ª vez que la carrera pasaba por su cima - muchas más veces que cualquier otro puerto en la historia de la prueba. Las dos vertientes tienen más de 17km de distancia, pero la subida desde Luz por el oeste es más larga, ligeramente más dura y también más bonita. El primer hombre en coronarlo en 1910, cuando el ascenso se hacía desde el este, fue Octave Lapize (a pie, empujando su bici!) y desde entonces ha habido muchas batallas épicas en sus rampas - así como algunos accidentes, como el de Eugene Christophe, en 1913, al romperse su horquilla en el descenso. Tuvo que hacer senderismo hasta Sainte-Marie-de-Campan a pie de puerto, donde fue a la forja de un herrero local para reparársela él mismo - pensando que haciéndolo así cumplía con la norma que establecía que los corredores no podían aceptar ayuda. Lamentablemente, Henri Desgrange decidió que el chico que manejaba los fuelles estaba ayudando ilegalmente a Christophe y penalizó con tres minutos al corredor.

Acercándose a la cima del Aubisque, subiendo desde el Col du Soulor.

A parte del Tourmalet, prácticamente cada puerto de los Pirineros centrales y del este tiene una historia que contar, como las pintadas de las carreteras, algunas remontándose a campeones que hace tiempo que pasaron, testimonios. El Aubisque, por ejemplo, si se llega desde el Col du Soulor, es una de las carreteras más bellas del mundo, y también donde Wim van Est, en 1951, al pasarse una curva cayó por el borde y casi hasta su muerte. El Col de Marie-Blanque, con sus rampas del 10%, impactó a los corredores cuando se introdujo por primera vez en 1986 - el escalador español Pedro Delgado coronó en primera posición aquel año y ganó la etapa - mientras que al repetirlo en 1987, una victoria del legendario colombiano Luis ‘Lucho’ Herrera confirmó su lugar en el panteón de los ascensos pirenaicos.

Vistas espectaculares desde las carreteras que llevan a Luz-Ardiden.

La subida de 14,7 kilómetros y 6,9% a la estación de esquí de Luz-Ardiden, por elegir otra, es donde, en 2003, a Lance Armstrong se le enganchó el manillar en una bolsa de un espectador, llevando al suelo tanto al americano como al corredor vasco Iván Mayo. Pero, en una de las muestras de caballerosidad por las que es conocido el ciclismo, Jan Ullrich bajó el ritmo y esperó a que los dos remontasen, aunque esto le costó la etapa.

Incluso las etapas modernas en los Pirineos parecen entrar en la leyenda. Por ejemplo, la subida de Chris Foome y Bradley Wiggins a Plateau de Beille en 2012 - en la que Froome, el leal gregario, parecía sacar de ritmo y descolgar a su jefe de filas, incluso haciéndole gestos para que fuese más rápido. El Porter d’Aspet (los puertos pirenaicos son a menudo denominados portets o ports en el dialecto local), por otro lado, soporta la sombría historia de la muerte de Fabio Casartelli, un joven corredor del Motorola que, en 1985, impactó con un bloque de hormigón al caerse en el descenso y no vivió para contarlo.

Andorra y España también tienen su ración de historias de Grandes Vueltas. Fue en el principado, en la Vuelta de 2015, donde se celebró la denominada ‘etapa de Gran Vuelta más dura de todos los tiempos’. Con unos 5.000 metos de desnivel acumulado en tan sólo 138km, la etapa andorrana torturó a los corredores y tentó a los aficionados con sus pendientes de dos dígitos e interminables subidas y bajadas, con un emocionante final en alto ganado por Mikel Landa del Astana.

Sin embargo, es justo decir que la Vuelta pone menos énfasis en los Pirineos del que pone el Tour. Pero la Volta a Catalunya, a menudo, tiene finales en alto como la estación de esquí de Vallter a 2.200 metros de altitud y carreteras como las del Coll de la Creueta, una subida de 20,5 kilómetros al 4% cerca de Girona.

La Vuelta Ciclista al País Vasco, por su parte, a menudo se adentra en las montañas interiores desde San Sebastián y su paso por los Pirineos fue inmortalizado por Ernest Hemingway en su primera novela Fiesta: El sol también se levanta. ‘Las carreras ciclistas eran el único deporte del mundo,’ escribió. Ciertamente, ya estés viendo una carrera o pedaleando con tu bici en los Pirineos, esa frase no parece tan fuera de lugar. Ven y haz una visita, verás qué quiere decir.

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