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Sprengisandsleið

Para poner a prueba la nueva colección Explore, cuatro ciclistas realizaron una ruta autosuficiente a través de Islandia. Afrontando una remota carretera de montaña por el interior del país, atravesando desiertos volcánicos y ríos glaciales, ésta no es una aventura para pusilánimes.

“Quizás sea nórdico, pero no se parece en nada a mi tierra.”

– Marius Nilsen, probador de producto

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Cuatro ciclistas. Cuatro días en las tierras altas. 28.800 calorías

Situados al borde del Círculo Polar Ártico, en la frontera entre dos placas tectónicas, los volcanes y glaciares de Islandia sugieren un lugar anterior al tiempo. El Círculo Dorado atrae autobuses de turistas con sus enormes cascadas y geysers humeantes, pero no todos estamos aquí por eso. Nos esperan cosas más salvajes.

Atravesando el altiplano

“La carretera está en pésimo estado y hacen falta nervios de acero para negociarla...”

En 2015, el fotógrafo George Marshall viajó a Islandia para recorrer Sprengisandsleið en bici con el constructor de cuadros Tom Donhou. También conocida como la F26, la carretera de montaña discurre durante 200km y divide Sprengisandur, un árido altiplano entre dos viejos glaciares: Hofsjökull y Vatnajökull. Hubo una tormenta poco antes de recorrer la mitad del altiplano y la pareja tuvo que ser rescatada.

Cuatro años después, Sprengisandsleið sigue siendo una asignatura pendiente. Acompañados esta vez por tres ciclistas noruegos – Marius Nilsen, Kirsti Ruud y Øyvind Nordengen – el grupo aterriza en Keflavik, el principal centro de transporte del país, a sólo 50km de Reykjavik. Omiten la capital y se dirigen hacia el este hasta Hekla, puerta de entrada a Sprengisandur.

Marius lleva la GORE-TEX Hooded Pullover

“Como podrías imaginarte, el agua está congelada. Pero no es insoportable. Es más molesto tener que quitarte los zapatos cada vez, y quitarte esa arena negra de los pies.”

– Kirsti

Después de dos días de caminos asfaltados y vientos de costado, los ciclistas giraron hacia el norte. El objetivo es Laugafell, un lugar remoto en las laderas de la montaña de mismo nombre - un oasis en un desierto de arena negra. Sprengisandsleið es un atractivo para los vehículos de cuatro ruedas, pero hay serias advertencias. No hay servicios en más de 200 kilómetros. Hay múltiples cruces de ríos glaciales. No se recomienda cruzarlos en solitario sin tener la habilidad de “leer el agua”. En bici es un asunto diferente.

Mucho antes de que los todoterrenos hicieran de las desoladas tierras altas de Spreginsandur un parque de juegos de alto riesgo, todavía era un lugar del que no podías fiarte. Los islandeses, históricamente supersticiosos, temían las áridas tierras altas por donde se decía que vagaban elfos, fantasmas y gigantes. Quienes no tenían más remedio que abrirse camino por esas tierras, a menudo llevaban sus caballos hasta la extenuación. Se dice que el nombre de la región, Sprengisandsleið, viene del verbo islandes sprengja: extenuar.

No sonn criaturas mitológicas las que agotan a estos jinetes. Es el clima. El altiplano hace honor a su nombre.

“Nunca había experimentado nada igual en mis doce años con la bici.”

– Kirsti

El cuarto día, los ciclistas se quedaron sin agua. El plan era rellenar en los ríos glaciales que iban a cruzar, pero hacía demasiado frío y los cauces estaban secos. Por la tarde les salvó una familia francesa que justo pasaba por allí en una autocaravana. Más tarde, una guarda forestal apareció buscándoles, avisada por esa misma familia. Era la mismo guarda que George conoció cuatro años antes y sufría por avisarle una vez más de los peligros de atravesar el altiplano en bici.

“En cierto modo todos estábamos solos, incluso aunque pedaleáramos juntos.”

– Kirsti

El viento incansable hacía que fuera difícil pasar el tiempo hablando. Además de esto, los ciclistas tenían que mantener una distancia entre ellos por seguridad: rachas de viento repentinas podían suponer movimientos erráticos. Una vez bajan las reservas de energía, hablar se vuelve un gasto innecesario, dejando a los ciclistas solos con sus pensamientos.

“Al caer el sol, llegó la húmeda oscuridad. Parecía que nuestro destino se alejaba aún más. Entonces nos recordaron que en Islandia, la naturaleza manda: Lluvia. Lluvia como nunca antes.”

– Marius

Hay un curioso paralelismo en atravesar el altiplano en bici, cuatro ciclistas con la energía de su propio vapor, en un país que produce toda su electricidad del vapor. La ventaja más obvia de una actividad geotérmica tan abundante para viajeros en bici son las aguas termales que se encuentran por todo el país.

“Laugafell fue un sueño hecho realidad. Apareció a lo lejos como una alucinación, una piscina imaginaria de agua en el desierto.”

Kirsti lleva el Long Sleeve Windblock Jersey

“La mañana siguiente bajamos de la montaña y fuimos a tope hasta Akureryri. Llegamos justo para subir al autobús después de un intenso esfuerzo en equipo de 55km.”

Día 1

De Keflavik a Selfoss – 126km

Día 2

Al extremo más meridional del lago Þórisvatn – 99.8km

Día 3

Hasta acampar cerca del lago Kvíslavatn – 72.3km

Día 4

A las aguas termales de Laugafell – 87.4km

Día 5

Hasta Akureyri – 86.1km

“Así que eso era algo especial. Complicado pero tranquilo... de algún modo.”

Colección Explore

Herramientas para la aventura. Probada hasta el límite.

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